Los sábados a las ocho y media de la noche, cuando el servicio arranca de verdad, el camarero corre entre mesas con una libreta y un boli. La cocina grita. El dueño intenta coger el teléfono que lleva sonando tres minutos. Y alguien pierde un pedido.
Llevamos veinte años comiendo en sitios que usan un software diseñado por alguien que nunca ha pisado una cocina en hora punta. Interfaces en seis idiomas distintos, todos mal. TPVs que se reinician a las once de la noche. Comisiones que te comen la caja.
Zemi es otra cosa. Lo montamos con gente que ha servido, fregado, cobrado, negociado con proveedores a las siete de la mañana. Lo montamos porque los camareros merecen herramientas de 2026, no de 2010.
Si tu restaurante abre esta noche, Zemi está listo para ti antes de que llegue el primer cliente. Quince minutos. Sin instalaciones, sin técnico, sin tarjeta de crédito.
Si esto suena a lo que necesitas, baja un poco más y sigue leyendo.